Sorprende el canto de un nuevo coquí
Por Yaritza Rivas Bermúdez / yrivas@elnuevodia.com
•Ecólogo puertorriqueño defiende el hábitat de una especie de coquí que descubrió en Toa Baja

El Coquí Llanero en una hoja de una de las plantas acuáticas de agua dulce en su escaso hábitat, localizado en un
humedal toabajeño.

En el corazón de Toa Baja, cerca del Sector el 26, habita una nueva especie de coquí tan diminuta que muy
pocos han visto. Es casi imperceptible, menos para Neftalí Ríos, su descubridor.

Ríos, ecólogo del Departamento de Biología de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras
descubrió al Coquí Llanero -como le bautizó informalmente- por un “chivo”, según dijo mientras recorría el
humedal palustre herbáceo donde hizo el hallazgo. Allí en cualquier día de verano la temperatura puede
sentirse durante el día en los 160 grados Fahrenheit.

Un hito
Este descubrimiento constituye un hito en la historia científica contemporánea. Es el primer hallazgo de una
nueva especie de coquí endémica en 30 años.

Fue su dedicación por explorar desde hace siete años los humedales puertorriqueños el motor que lo guió
hacia el pequeño vertebrado endémico.

Hace dos años investigaba en la ciénaga toabajeña, cuando encontró el coquí y detectó “cosas raras".

A Ríos le constaba en noviembre de 2004 que era algo nuevo y diferente, pero tenía dudas de si la especie
era exótica o nueva, explicó.

Desde entonces, se ha dedicado a estudiar y documentar el ejemplar. Y sometió para su revisión y
publicación el importante hallazgo en la revista científica COPEIA, especializada en reseñar investigaciones
acerca de la conducta, entorno, morfología, fisiología y genética de peces, anfibios y reptiles. Esto haría
oficial el descubrimiento para la ciencia.

El tamaño, canto y coloración distinguen al Coquí Llanero de los demás coquíes descubiertos en la Isla
hasta el momento. Es color crema y con el vientre de un tono amarillo metálico, curiosamente parecido al
Coquí Dorado de Cayey, ya extinto. Por su parecido, quizá sea de la familia del Coquí Grillo, sospecha Ríos.

El minúsculo anfibio cabe en una moneda de diez centavos y, a diferencia del famoso canto del coquí
común que escuchamos en las noches (2,000 hertz), éste tiene un tono tan agudo (9,000 hertz) que es casi
inaudible.

La hembra es más grande que el macho, una característica conocida como dimorfismo sexual que el
ecólogo atribuye al almacenaje de huevos. Se reproduce en plantas acuáticas de agua dulce, y sólo pone
tres huevos. Además, posee la distribución geográfica más reducida de todos los coquíes.

Precisamente, este escaso hábitat, opina Ríos, convierte el lugar en uno crítico esencial para que la especie
sobreviva.

Hasta el momento, sólo se conoce que habita en un humedal de Toa Baja, que según el científico, debió
haber sobrevivido a más de 500 años de deforestación, drenajes, agricultura, industrialización y un
desarrollo urbano con poca planificación.

Así lo específica en una carta enviada el pasado 22 de mayo al secretario del Departamento de Recursos
Naturales y Ambientales Javier Vélez Arocho. En la misiva, Ríos destaca la importancia de la especie y
solicita que se declare al Coquí Llanero, especie en peligro crítico, y se designe su hábitat crítico esencial.

Mientras tanto, y aún con el júbilo que supone el hallazgo para los científicos del patio -el primero de esta
índole en 30 años- el Coquí Llanero enfrenta el reto de sobrevivir en un escaso hábitat, cerca del cual está el
relleno sanitario de Toa Baja.

Pero más preocupa que la empresa Speed Group International construye una pista de carreras en el área.

Y, aunque distintas agencias han mostrado compromiso y urgencia por proteger la especie endémica, es
poca la acción afirmativa que se ha concretado para garantizar que futuras generaciones puedan disfrutar
de este nuestro emblema nacional.
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