Por Pablo Arroyo León / Especial El Nuevo Día
ULTIMO COMENTARIO
Como dice André, el momento coquí es un clásico....
Mariselis

Está usted en una reunión de amigos. Conversan sobre las graduaciones, sobre salir a la calle con
birrete y sin trabajo. De pronto, alguien alza su voz y pregunta: ¿Cuál es el nombre científico de una
marmota? Silencio sepulcral. Lo único que se escucha es... un coquí.

De seguro, más de una vez se ha topado con una escena similar. Claro, que cuando no es el coquí
el que canta, siempre hay alguien que no pierde tiempo y ante un silencio incómodo invoca su
presencia y emula tan peculiar sonido. Ya es algo muy normal que, ante la pregunta de una profesora
que no encuentra respuesta en sus alumnos, se escuche en ese aire filoso de los silencios
prolongados, un sonoro y rimbombante: “¡coquí!”. En ese instante la profesora atraviesa lo que
hemos denominado como un “Momento Coquí”.

"Es posible que usted se convierta en un coquí, que atraviese un momento coquí, que tenga
pensamientos coquí, que se tope con un coquí en la calle, que su vida sea un total coquí, en fin, las
posibilidades son infinitas”

Así, el relajito casual de invocar al pequeño anfibio ha tomado una nueva dimensión. El término
“coquí” cuenta ahora con una renovada definición que, aunque no aparece en ningún diccionario,
cumple su propósito de validar las nuevas posibilidades de la palabra. Podemos decir que un coquí
es: el vacío estructural que representa un objeto, comentario, suceso o persona cuando no guarda
relación con el tema o ambiente que se está tratando. Es decir, esta práctica social tiene nombre y
apellido.

Es posible que usted se convierta en un coquí, que atraviese un momento coquí, que tenga
pensamientos coquí, que se tope con un coquí en la calle, que su vida sea un total coquí, en fin, las
posibilidades son infinitas. Por ejemplo, sale de su casa y deja las llaves adentro. No hay duda, se
ha convertido en un coquí. Está en la fila del banco y llega alguien con exceso de perfume. En efecto,
está usted ante un coquí. Llega a visitar a un amigo y se percata de que la casa está repleta de
gente con regalos en mano y ante un bizcocho. Usted olvidó el cumpleaños de su amigo. Instante en
el que notará cómo sus dedos se unen por una tela fina, convirtiéndolo en un coquí. Su niña de cuatro
años llega con rostro compungido y le pregunta: ¿de dónde vienen los bebés? Acto seguido, sus
ojos se brotan, su piel se torna marrón -porqué los únicos coquíes verdes son los “made in Taiwan- y
de sus labios únicamente surgen dos sílabas: “coquí”.

Le decimos más, está usted despotricando sobre el mal gusto al vestirse de su nuevo jefe, quien
disfruta de combinar gabanes amarillos con corbatas anaranjadas y pantalones cortos. En el
momento preciso en que usted diserta sobre el parecido entre las piernas de su jefe y las de una
gallina, su interlocutor expande sus ojos y transpira. Es inminente, su jefe está parado a sus
espaldas. Seguramente pensará que le diremos que ha sido un coquí. Se equivoca, eso fue un sapo
concho.

Porque, debemos aclarar, hay varios niveles de ser coquí. Dependiendo de la magnitud de su
incongruencia, puede pasar de ser coquí, a sapo concho. Incluso, llegar a ser El Yunque. Claro, que
si su potencial de coquí rebasa todos los límites, existe la posibilidad de que atraviese un Momento
Hawai. Por aquello de que ahora en el archipiélago del Pacífico hay más coquíes que aquí.

Sin embargo, esto para nada le resta caribeñidad al pequeño cantor. Puesto que, no hay metáforas
más puertorriqueñas que las que se sostienen de nuestros iconos, alejándolos de ese Puerto Rico
de fotografía de turismo. De esa idea que insiste en estigmatizar a los boricuas como el jíbaro
bragao y la jibarita de amapola en la oreja. Además, si usted ondea una bandera que lleva un coquí
como estrella o utiliza una gorra que orgullosa exhibe la figura del “Eleutherodactylus portoricensis”,
¿por qué no va a poder convertirse en un coquí?

Después de todo, estamos más cerca del coquí que del venado sufrido o la gata salvaje. Se trata
pues, de mirar a nuestro alrededor y no vacilar en darles nuevos significados a esos símbolos
patrios que lo están pidiendo a gritos. De no hacerlo, correrá usted el riesgo de convertirse en un
gran coquí.
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Midis PRmusica cortesia de The Menace
                 Coquí                                                             Sapo Concho
Lo que significa ser “Coquí”