Navegaba yo en mi barco,
como siempre acostumbraba,
al llegar mar adentro,
y que las olas me alcanzaran.

Pero nunca tuve miedo,
hasta aquella mañana,
cuando el mar se puso bravo,
y mi barca casi viraba.

Entonces sentí yo un miedo,
que me helo las entrañas,
luchaba con mi velero,
pero el mar casi nos arropaba.

Y solo pude exclamar
al Señor del universo,
aquel que todo lo puede
y le puso calma al viento.

Y se escucho un gran silencio,
y yo le dije bajito,"Gracias",
por escucharme Maestro,
y me dijo muy tranquilo.

No se porque te asustaste,
siempre he viajado contigo,
no sé porqué tu dudaste,
si siempre a ti yo te cuido.

Y yo pensé un instante, eso era verdad,
como me pude olvidar, de que viajaba el conmigo,
Tu... mi gran Señor, Tu, mi gran amigo.
Te pedí perdón Señor, por haber de ti dudado.

Te juro a Ti mi Señor, Tu tomaras el timón de mi vida,
desde ese instante de mi tribulación,
te entregue las riendas de mi vida.

Ahora soy tu pasajero, y no me iré a la deriva,
mientras tu conduces mi barco,
Yo te confío a ti mi vida.
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"A LA DERIVA"
Escrito por Lily Santiago 10-12-2005