Te invito a una taza de café, amiga mía

Hoy te abro las puertas de mi hogar… amiga.
¡Que tomemos juntas una taza de café!
Es que la vida es tan dura, que hace falta que juntemos:
¡Nuestros granitos de fe!

Quisiera,  que al amanecer de un nuevo día,
cuando los rayos del sol se cuelan por mi ventana,
¡También,  colemos café unidas!
Alumbrándonos  el Sol de Justicia, en nuestras vidas

Tal vez… te derrame algunas gotas de mi vida,
en lágrimas que se me escapen:
con algo de melancolía,
hechas en:  ¡Reflexiones y poesías!

Desearía, que tú también veas en mi,
una humilde confidente.
Quedan tan pocos amigos:
Fieles, conservadores y en Dios… creyentes.

Ven, amiga mía; ¡Tomemos esa taza de café!
Mi mesa es tan simple y tan sencilla…
pero en ella nunca falta: El pan de cada día;
¡Porque siempre lo invitamos a Él!

Con Jesús en la mesa, como anfitrión,
tal vez riamos, sintiendo su dulce Presencia,
o puede ser que lloremos, sintiéndonos:
¡Indignas ante Él, en nuestro corazón!

Es que le he entregado, el control de mis días…
y  cada día trae su propia melodía.
¡Es una sorpresa! ¡Esperar un milagro en fe!
¡Una aventura gloriosa con Él!

Y cuando te vayas, amiga mía…
porque así tiene que ser, tienes tu vida,
te llevarás en tu pecho: mi oración y mi poesía;
pero sé, que también te llevarás:  ¡Mucho de Él!

Autora: Sarita Rodríguez
Orlando, FL - 9/22/09
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