Salí a mirar estrellas...
Observé con cuidado esas fugaces,
que parecen ser, y no lo son.
Simples rocas desprendidas,
que sólo dejan una estela
que pronto se desvanece.

Salí a mirar estrellas,
que especiales y refulgentes,
brillan y resplandecen con luz propia.
No, como la luna, que refleja la luz del sol.
Y Dios, por ellas, habló a mi interior:

“Así, también, hay seres en la vida,
como estrellas que se distinguen,
brillan siempre con luz propia.
Son originales, especiales, admirados,
queridos, envidiados, tal vez, por muchos.

Pero luego, en medio de su
esplendor, y su brillo, olvidan a su Creador.
Aquél que le dio sus dones, talentos,
y la capacidad para usarlos.
Yo que les permití sus logros, sus triunfos,
y sus sueños alcanzarlos.
Los doté de originalidad,
hermosura, fama y esplendor.
¡Pero andan por el mundo tan erguidos,
tan orgullosos y engreídos!,
que me acuerdan a un hijo,
que hace miles de años, creé.
Le di todo lo que soñó y deseó,
pero contra Mí, su Creador, se rebeló;
“¡Y se llama Lucifer!”
Fue el Lucero de la mañana,
lleno de resplandor y admiración.
¡Un sello de perfección…!

¡Oh Dios! le dije llorando y sorprendida:
¡Pongo, nuevamente, mis dones y
talentos a tus pies!
¡Por favor, Dios mío, toma mi vida y
todo lo que Tú me has dado,
sean usados sólo para tu Honra y  tu Gloria!
REFLEXIÓN SALÍ A BUSCAR ESTRELLAS
Sarita Rodríguez
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