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LAJAS EN EL RECUERDO
Un caluroso saludo a todos los lajeños
de parte de La Familia López en Williamsburg, Virginia.
Este poema está dedicado a todos ustedes.

Lajas, tu valle, tu gente
Tu Parguera tan hermosa
Aquí te escribo esta prosa
Siempre te tengo en mi mente.

Hace años qué salí
De tu suelo tan querido
No me olvido de tu nido
Ni me olvido del coquí.

Esa piña cabezona
Tu quenepa y el mangó
Y este qué nunca olvidó
Ese gran chorro de Tona.

El Piragüero Pelayo
Y el dulcero de Malán
De los Frank el bollo e pan
Y los bailes del Papayo.

La principal Doña Milla
Y su esposo Don Orlando
Un hombre qué pregonando
Vendía hasta las costillas.

Allá Jaime Campeón
Tenía él su garage
Un hombre de gran encaje
Lajeño de corazón.

Liche El Gordo no te olvido
Ni a los Fabiani tampoco
Ya ven cómo poco a poco
Un librito le he leído.

Mildred, Minerva, destino
María Otero Echevarría
A todas ellas quería
Amores a lo adivino.

De Maguayo a Palmarejo
Del Tokío a La Parguera
Dios mío cómo quisiera
Un arroz con salmorejo.

Empanadilla e chapín
Langosta, pulpo, carrucho
Lo pescó  el sobrino Trucho
Lo cocinó  Guayubín.

En el negocio de Lino
En el barrio del Papayo
Una sopita de gallo
Qué hace tiempo no cocino.

Allá en Salinas Fortuna
En el restaurant Los Hornos
Las conchas veo de adorno
Alumbradas por la luna.

Y ahora un poco cansado
Regreso, llego a la esquina
Dónde Eneida Cruz cocina
El sabroso pollo asado.

La brisa mueve la palma
El sol azota violento
Y recuerdo de momento
Los lajeños de mi alma.

Toñín Cancel, Julio Olán
El gran Enrique Ramírez
No importa cómo los mires
Siempre se recordarán.

Allá en Cañitas; Cayín
En el pueblo Wilson Pérez
Haciendo sus menesteres
Con cariño y con confín.

El garage de Damián
El Sportsman Nuevo y Viejo
Son para mi un reflejo
De Lajas y de Los Frank.

Aquella banda escolar
Doña Hortensia y su “ay mijito”
Son algo qué cómo un grito
Yo nunca puedo olvidar.

Tu estación experimental
Dónde Félix trabajaba
Con su Luz, su adorada
Una gente muy genial.

Su perra llamada Chacha
Estaba lo más gordita
Siempre comida en su dita
Tratada cómo muchacha.

La tienda de Enrique Ortiz
Ex-alcalde y comerciante
No creo qué fue cantante
Pero siempre fue feliz.

Vicente Cotte querido
Gobernador de La Gata
Algarabía y bachata
No tenía permitido.

Se prohíben las caricias
Chupeteo y el grajeo
Y todavía yo veo
La Gata con sus delicias.

En un catre me dormía
Con el ruido de las olas
El restrillar de las yolas
Contra el muelle y compañía.

Esos días ya pasaron
Pero nunca los recuerdos
De un Viejo honesto y muy cuerdo
Al qué todos adoraron.

Suegro Viche no te olvido
Gracias por dar a mi esposa
Su cara de buena moza
Tu bondad he conocido.

Estaba por terminar
Llevaba una larga brecha
Y me recordé de Percha
Y tuve qué celebrar.

Lupercio Lluch un lajeño
Qué hasta libros escribió
Y a su Lajas dedicó
Su vida con gran empeño.
Moisés López
7 de septiembre de 2005
Williamsburg, Virginia
mlopez33@cox.net